jueves, 9 de diciembre de 2010

Capítulo 1 (Entrega 5ta)

Recorrí mentalmente todo mi cuerpo tratando de encontrar alguna parte libre. No tenía mucho tiempo, los ojos me ardían y estaba al borde del desmayo por la falta de oxígeno. Sentía como el calor en mi cara aumentaba, y las cosquillas empezaban a apoderarse del brazo que tenía trabado a mi espalda. Los hombros quemaban y las rodillas del pusilánime se clavaban en mis piernas dolorosamente impidiendo moverlas. La muñeca de la mano izquierda ahorcada por una mano enemiga y el cuello a punto de ser quebrada por la otra. Desesperada ante la asfixia, sentía como mi cuerpo empezaba a relajarse, como derritiéndose. Un manto rojo y blanco empezó a cubrir mis ojos. 
Pero un leve movimiento. Cansado de la postura el bandido apoyó su pelvis en la mía haciéndome sentir sus partes demasiado táctiles. Una irá incontrolable se apoderó de mi cuerpo. Las fuerzas volvieron en ese segundo borrándome toda noción de dolor. Exhalando espuma por mi boca, quebré el agarre de mi mano izquierda, logrando desestabilizar el equilibrio del oso que tenía encima. Aflojó sólo un instante la mano que tenía prisionero mi cuello. No dudé. Agaché la cabeza clavando la pera en mi pecho, impidiendo que vuelva a prohibirme de aire, y con mi mano ya libre contorsioné la suya haciéndolo emitir un chillido. Sus rodillas resbalaron de mis piernas y pude liberar mi brazo derecho. Entre jadeos y con mucho esfuerzo, entre forcejeos, llegué al cuchillo de mi tobillo y en un solo movimiento lo clavé en su entrepierna. Junto con el grito agudo que emitió tiró su cuerpo hacia atrás y comenzó a convulsionar. No frené para recomponerme. Tomé otro cuchillo oculto y salte sobre él con la ira aun en la sangre. Inflingí varios puñalazos mortales. Fue un trabajo desprolijo y poco profesional. 
Me acuclillé agarrándome de la pared, entre toses y jadeos, tratando de recuperar el aliento. Cuando pude volver a mi giré la cabeza hacia el bandido que aún tenía la lanza clavada en la pierna y se desangraba. Mi respiración se volvió regular. Mi concentración se centró. Me acerqué despacio al pobre infeliz que sufría en el suelo.
-Necesito información y no veo nadie mas vivo que pueda dármela- Sin que lo notara tome la daga que tenía oculta en la parte baja de mi espalda y esperé.

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