jueves, 9 de diciembre de 2010

Capítulo 1 (Entrega 6ta)

La puerta que tenía delante era pequeña y de una sóla hoja, hecha en madera gruesa y pesada. Un rectángulo había sido recortado en el centro y estaba tapado por otra madera de otra calidad desde el interior. Llevaba la capa bien calada. La llovizna se había transformado en diluvio, pero la humedad no llegaba a mi ropa, era una buena capa. El brazo me ardía, había sido un corte superficial pero aún así molestaba.
Golpeé dos veces, conté hasta tres y volví a tocar esta vez tres veces. El postillo se abrió y una narizota con cráteres se asomó.
–Qué?
–Karjil– contesté, sin titubear.
La puerta se abrió.
Un mono de unos dos metros de alto se interpuso en mi camino. Le mostré el anillo que le había robado al ahora difunto bandido. Me analizó de pies a cabeza, sonriendo en un intento de galantería, pero enseguida, por mi gesto, se percató que tiró un fallo crítico de resultado. 
- No recuerdo haberte visto antes- comentó. Sin esperar respuesta, me guió por una pasillo alto, sin techo. El mismo terminaba ciego en unas escaleras angostas que descendían en diagonal bajo tierra. La oscuridad, cortada por algunas antorchas cada tanto, nos rodeo. Al final una puerta de madera nos cortó el paso. Intercambió un contraseña compleja de golpes con el que estaba del otro lado y pasamos sin dificultad.
Un vaho me golpeó con fuerza al penetrar a la sala. Era un ambiente muy grande, pero el aire estaba tan viciado que costaba respirar. En una esquina un grupo extenso se encontraba amontonaba y gritaba exageradamente, alentando o maldiciendo.
Un par de mesas contenían distintas clases de fichas, y las caras de concentración y silencio en esa área era totalmente contrario al que se desarrollaba a metros de la misma.
Al final de la sala unos sillones, demasiado ostentosos en comparación al decorado del resto de la sala, sobresalían de la escena. Pude reconocer a Karjil fácilmente entre los que se encontraban sentados. Pero no fue él lo que me llamo la atención, una cara demasiado conocida iba a complicar las cosas. De pronto mi cabeza empezó a maquinar las distintas maneras de salir de ahí viva. Mi caminar no cambio velocidad ni determinación. (Maldito pasado).

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